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¿Qué puede hacer por ti el coaching terapéutico?

– Montse tienes algún cuento para mis hijos.
– ¿Qué les pasa a tus hijos?
– Tengo tres niñas y un niño,  que van de los 7 a los 13 años. No se cómo hacerles entender que son distintos, a unos se les da mejor unas cosas y a otros otras, y que eso no es un problema. Porque entre todos lo pueden aprender y lo pueden hacer, donde uno no llega llega el otro.
– Entiendo, además si quieres, puedes utilizar el cuento como un juego y hacer que lo prueben. Yo te lo cuento como a mi me lo contaron, si quieres puedes adaptarlo a su edad.

Érase una vez, en un país lejano, se alzaba un monasterio apartado de todo y de todos. Un día un discípulo se acerco al maestro y le pregunto cuál era la diferencia entre el cielo y el infierno. Este le respondió:
– Para mi la diferencia es muy pequeña, veras te lo explicare con un cuento.
El protagonista de esta historia estaba perdido, deambulaba de un lado a otro sin saber muy bien cuál era el camino que debía escoger, hasta que llego a una posada, al entrar vio dos puertas y decidió entrar en la primera habitación.
Dentro vio a un montón de hombres alrededor de un gran cuenco de sabroso arroz, este estaba colocado de tal manera que los hombres no podían alcanzarlo. Estos tenían atados en las manos unos largos palillos de dos metros de longitud con los que llegaban hasta el arroz, pero al ser tan largos no podían llevárselo a la boca y así teniendo toda esa cantidad de arroz a su alcance padecían de hambruna, juntos pero solitarios, permanecían hambrientos delante de una abundancia inagotable.
– Eso es el infierno.
El hombre asombrado por lo que acababa de ver decidió salir de allí y probar suerte en la otra habitación.
Igual que en la sala anterior, vio a un montón de hombres alrededor de un gran cuenco de sabroso arroz, este estaba colocado de tal manera que los hombres tampoco podían alcanzarlo. Estos tenían atados en las manos unos largos palillos de dos metros de longitud con los que llegaban hasta el arroz, pero al ser tan largos no podían llevárselo a la boca. La diferencia con la sala anterior es que en esta, los hombres en vez de intentar llevar el arroz a su propia boca se servían unos a otros, acercaban sus palillos a los hombres que tenían más lejos y así todos podían alimentarse. De esta manera saciaban su hambre en un gran comunión fraternal, juntos y solidarios.
– Y esto, esto es el cielo. Lo ves la diferencia es muy pequeña.

Dando un enfoque diferente haces las cosas difíciles más fáciles.