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¿Qué puede hacer por ti el coaching terapéutico?

– Montse, el otro día comentaste que el Feng Shui dice que si quieres atraer un hombre a tú vida tienes que hacerle espacio en tu casa.
– Sí.
– No lo acabe de entender.
– El Feng Shui dice que si quieres atraer un hombre a tú vida tienes que demostrarlo.
– ¿Cómo?
– Por ejemplo ¿cuántas mesitas de noche hay en tú habitación?
– Una, no necesito más.
– Y la cama ¿es de matrimonio?
– Hace tiempo si, pero me canse de dormir sola y la cambie por una individual, ¿para que tanto espacio? No lo necesito.
– ¿Hay espacio libre en tu armario?
– ¡¿Espacio libre?! ¿Estas de broma? si me falta sitio, no se donde meter las cosas.
– ¿Lo ves?
– ¿Si veo qué?
– El Feng Shui te diría que necesitas una cama de matrimonio, dos mesitas de noche y dejar espacio libre en el armario, para que llegue un hombre a tú vida tienes primero que dejar espacio, aunque eso signifique tener que renunciar a algunas cosas… Esto me recuerda un cuento.

Érase una vez, en un país lejano, vivía una niña de cinco años llamada Lucia. Un día Lucia se fue de compras con su madre y mientras esta compraba, Lucia vio un collar de perlas de plástico, no tenían ningún valor pero era tan bonito y brillaba tanto que la niña no podía dejar de mirarlo, cuando le pregunto a su madre si se lo compraba, esta le dijo que sí a cambio de que le ayudase con las tareas de casa. La niña acepto y durante muchos días se esforzó con las tareas de casa, para ganarse el collar. Lo llevaba puesto a todas horas, en el colegio, en el parque, incluso dormía con el, siempre, salvo a la hora del baño. Cada noche su padre le leía un cuento a la hora de dormir y un día este le pregunto:
– Lucia cariño ¿tu me quieres?
– Claro papá, muchísimo.
– Entonces no te importará regalarme tus perlas.
– ¡Oh! Mis perlas, papá ¿por qué mis perlas? Pídeme lo que quieras, pero mis perlas no.
– No te preocupes cariño no pasa nada, anda acuéstate.
A la semana siguiente, el padre volvió a preguntarle a Lucia:
– Cariño, ¿tú me quieres?
– ¡Oh, sí, papá, tú sabes que te quiero!
– Entonces no te importará regalarme tus perlas.
– ¡¿Mis perlas?! Papá he pensado que puedo darte mi muñeca favorita.
– No te preocupes cariño no pasa nada, anda acuéstate. Y dándole un beso en la mejilla apago la luz.
Al paso de los días, el padre volvió a preguntarle a Lucia:
– Cariño, ¿tú me quieres?
– Sí papá muchísimo, ya lo sabes.
– Entonces no te importará regalarme tus perlas.
– ¡Oh! ¿Mis perlas? Papá te doy mi oso de peluche favorito, es el que más quiero.
– No te preocupes cariño no pasa nada, anda acuéstate. Y dándole un beso en la mejilla apago la luz.
Lucia, no podía dejar de darle vueltas, por qué su papá le pedía su querido y apreciado collar de perlas. Esa noche cuando su padre entro en la habitación, Lucia lo esperaba sentada en la cama, al verlo entrar, se acerco a él y abriendo la mano, con voz temblorosa, -Toma papa, para que sepas lo mucho que te quiero- le entrego su tesoro más preciado, el collar de perlas. El padre cogió con una mano el collar de perlas de plástico y con la otra saco de su bolsillo una cajita de terciopelo azul y se la entrego a su hija:
– Cariño tú me das tus preciosas perlas de plástico en prueba de tu amor y yo te entrego a cambio otro collar de perlas genuinas, para demostrarte el mio.
Él padre las había tenido todo ese tiempo, esperando que Lucia renunciara a su baratija para poder remplazarla por otro de valor.

Dando un enfoque diferente haces las cosas difíciles más fáciles.