hada_presumida

¿Qué puede hacer por ti el coaching terapéutico?

– Montse, no tiene sentido.
– ¿El qué?
– Qué siga cuidándome, tanto deporte, tanta dieta, tantos cuidados, ¿para qué?
– Sigo sin entenderte.
– Ir a la última, esforzarme en ser perfecta, ¡¿para qué?!
– … -silencio-
– Montse, me ha dejado ¿te lo puedes creer?
– … -silencio-
– No lo entiendo, me he cuidado, siempre voy impecable, tengo un cuerpazo ¿Dime qué edad me hechas?
– ¿Para qué te va ha servir eso? ¿Qué edad quieres aparentar?
– No quiero aparentar ninguna edad, solo quiero que se quede conmigo. Pero no ha servido para nada, se ha ido con otra, ¡la muy …!
– ¿Entonces?
– Ahora voy a relajarme, se termino el gimnasio, se termino la maldita dieta, ¡a la “porra” con todo!
– ¿Todo eso lo hacías por él?
– ¿El qué?
– Cuidarte. Te voy a contar un cuento…

Érase una vez, en un país lejano vivía un anciano que cada día repetía la misma rutina, se levantaba, se aseaba, se vestía salia de casa y se dirigía a desayunar con su esposa, pero esa mañana, algo paso. Esa mañana, sin saber muy bien cómo, se hizo una herida en la mano que no paraba de sangrar, decidió ir al centro sanitario más cercano para que se lo mirasen y le hicieran las curas pertinentes.
El médico que le asignaron se dio cuenta de que este estaba muy nervioso y que no paraba de mirar el reloj. El medico le preguntó por qué estaba tan nerviosos. El anciano lo miro y le contesto -tengo prisa, voy mal de tiempo-. El médico, curioso, no pudo más que preguntarle qué era eso tan urgente que tenia que hacer.
El anciano le respondió, cada mañana desayuno con mi querida esposa, y se me hace tarde. Ella vive desde hace un tiempo en la residencia, sufre de Alzheimer en etapa muy avanzada.
Mientras le acababa de vendar la herida, el doctor le preguntó si ella se alarmaría en caso de que él llegara tarde esa mañana.
– No -respondió- por desgracia ella ya no sabe quién soy. Hace ya casi cuatro años que no me reconoce.
– Entonces -preguntó el médico- , si ya no sabe quién es usted, ni la hora que es ¿por qué tanta prisa, por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas?
El anciano sonrió y dijo:
– Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella.

Dando un enfoque diferente haces las cosas difíciles más fáciles.