Si el matrimonio póstumo os pareció complicado o el matrimonio polígamo os resultó difícil de comprender como relación abierta, el tipo de matrimonio que os presento ahora os resultará más curioso aún si cabe. Se trata del matrimonio sororal o simplemente sororato, que aunque es poco común hoy día, sigue existiendo en diversas partes del mundo.

El matrimonio sororal consiste en la unión entre un hombre con todo un conjunto de hermanas, o bien el matrimonio de un hombre con la hermana de su esposa legítima. A veces se presta a confusión y hay quien lo llama “matrimonio entre hermanos”, pero ello es un error, pues es el matrimonio de un hombre con una mujer y todas las hermanas que ésta tuviera. Es un tipo de matrimonio prohibido en Occidente, salvo en algunos países donde esta institución se reserva al supuesto que el hombre enviude o haya dejado vacante alguna de sus funciones sociales (especialmente su función de reproducción biológica), en algunas zonas de Chile se siguen practicando este tipo de matrimonios teniendo su origen en la tribu indígena Mapuche.

En las sociedades donde este matrimonio es válido, la familia de la esposa fallecida debe “ceder” a una hermana de ésta como esposa sustituta, y en el caso de no existir más hermanas, la familia puede adoptar a una mujer con el fin de cumplir con su obligación social de “ceder” una esposa sustituta.

¿Qué sucede si la esposa es infértil?, en este tipo de matrimonio la cuestión se resuelve del siguiente modo: se “cede” como segunda esposa a la hermana, aunque de forma opcional, uno o varios de los hijos habidos de esta segunda esposa pueden ser reconocidos socialmente como hijos de la primera esposa infértil. Es una práctica habitual entre los aborígenes australianos y en algunas zonas de Estados Unidos, siendo habitual en las sociedades donde la poligamia está bien vista y es practicada.

No debemos confundir el matrimonio sororato con el levirato, el decreta que la mujer viuda debe casarse con preferencia con el hermano del difunto. En la antigua sociedad hebrea, esta práctica servía para perpetuar la línea del hombre que moría sin dejar descendencia, siendo habitual en algunas zonas del Tíbet, Mongolia, China e Israel.
Otro tipo de matrimonio es el denominado matrimonio morganático o de mano izquierda, que consiste en la unión entre dos personas de rango social desigual, manteniendo cada cónyuge su status social original.

En España el Rey Carlos II promulgó la Pragmática sobre bodas desiguales en 1.776, el fin de esta norma era impedir que los hijos de su hermano Luis Antonio de Borbón pudieran acceder al orden sucesorio, al contraer éste nupcias con una aristócrata valenciana llamada Teresa de Vallabriga. La cuestión radicaba en que los reyes y sus sucesores no podían casarse con quien quisieran, ni aunque éste fuera noble, sino que debían de contraer matrimonio con persona perteneciente a otra casa soberana (discriminación regia).

Lo curioso, y aquí lo dejo apuntado es que ésta Pragmática no ha sido derogada expresamente – por lo tanto está en vigor -, y es más, esta ley no derogada obligó en su día al primogénito de Alfonso XIII a abdicar, y por esta misma pragmática fue denegada la sucesión al Trono a Don Jaime de Borbón…. Por tanto: ¿es compatible el matrimonio, del hasta hace poco nuestro Príncipe Felipe con la divorciada y presentadora de televisión Leticia Ortiz (persona de inferior condición social, al pertenecer a una familia “plebeya” que a todas luces, conforme a la pragmática es de rango inferior)? Porque lo que sí está claro es que vulnera las leyes de sucesión que rigen la casa Real Española y éste matrimonio no hubiera debido de celebrarse, salvo que el Príncipe Felipe hubiera abdicado de sus derechos a la corona.

El hecho que sus hermanas Elena y Cristina hayan celebrado un matrimonio morganático, a pesar de no cumplir con la pragmática indicada, se ha permitido porque en definitiva las mismas están privadas de la sucesión por su condición de mujer (Ley Sálica). El gran marketing mediático que se ha desplegado en torno a este enlace ha hecho que nadie se atreviera a mostrar la más mínima discrepancia, y si alguien tuvo una opinión razonada al respecto y contraria a ese matrimonio, ha sido de forma sistemática silenciada y marginada en los medios televisivos, sin embargo, hay un profundo malestar en círculos monárquicos extranjeros.

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