¿Nunca habéis tenido curiosidad por saber qué otros tipos de matrimonio y/o formas de convivencia existen en el mundo? Os sorprendería conocer lo diferente, originales y curiosas que pueden ser las relaciones amorosas del ser humano, ya que hay tantos tipos de convivencia como religiones, cultura y tradiciones existen.

En un momento histórico en que la institución matrimonial decae por el incremento de las uniones de de hecho, la regulación del matrimonio póstumo en el derecho francés constituye un cuerpo legal que no existe en ningún otro país occidental. Sí, el matrimonio entre los vivos y los muertos no es tan atípico como podría parecer a primera vista. En Francia este tipo de matrimonio es legal, en virtud del artículo 171 del Código Civil que establece:

El Presidente de la República puede, por motivos graves, autorizar la celebración del matrimonio si uno de los futuros esposos murió luego de haber cumplimentado formalidades oficiales que indicaban inequívocamente su consentimiento.

En tal caso, los efectos del matrimonio son retroactivos a la fecha del día precedente al deceso del cónyuge. Sin embargo, tal matrimonio no entraña ningún derecho de sucesión ab-intestato en beneficio del esposo sobreviviente reputándose además que no existió ningún régimen matrimonial entre los esposos”

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En Francia en el año 2011, se autorizaron más de 50 matrimonios póstumos. Existen bastantes precedentes anteriores como el caso de Magali Jaskiewicz y Jonathan George, oficiado en noviembre de 2008 por el Alcalde la comuna de Dommarie-Baroncourt, Sr. Christophe Caput, la pareja había planeado casarse en el Ayuntamiento, pero Jonathan fue asesinado dos días antes de la ceremonia en un accidente automovilístico de motocicleta, la Sra. Magali de 32 años, utilizó el Código Civil Francés para poderse casar, proporcionando una foto del vestido de novia a los funcionarios, junto con documentación que acreditaba que habían convivido juntos los últimos cuatro años, compartiendo una cuenta bancaria.

Estos matrimonios “simbólicos” no están totalmente desprovistos de efectos legales a nivel extra-patrimonial, ya que tienen derecho a portar el apellido del cónyuge y atribuir el mismo a los hijos legítimos pre-existentes.

Precedentes a nivel Europeo existieron en la Alemania Nazi, que permitía el matrimonio con caídos o desaparecidos (Leichentrauung) y además estableció la disposición del 18 de marzo de 1943 en donde instituyó el divorcio post-mosterm (Totenscheindung) con la finalidad de sancionar a las viudas “indignas”, pudiendo este divorcio tener lugar si hubieran motivos suficientes para “presumir” que el muerto, de haber tenido conocimiento de las circunstancias, hubiera tenido la voluntad de divorciarse.

Sin embargo, esta institución extraña pero no inhabitual francesa, tiene sus detractores que ven en dicha regulación un simulacro malsano que, caricaturiza el matrimonio tergiversando no sólo la finalidad de la institución – proteger jurídicamente un proyecto de vida en común – sino que lo ven como una distorsión patológica entre los límites naturales del más aquí y del más allá. Otra parte de la población está a favor de esta regulación, basándola en una dimensión simbólica del matrimonio cuyo fin es el consuelo terapéutico frente a la injusta ironía del destino.

 

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En algunas zonas rurales de China, existe la tradición del “matrimonio de los espíritus”, en virtud del cual se celebran matrimonios entre vivos y muertos, pero cabe la modalidad de celebrar dicho matrimonio entre dos personas fallecidas.

En una de sus variantes rituales, para garantizar la felicidad en ultratumba del finado, generalmente un hombre, sus familiares entierran a su lado el cadáver de una mujer de edad similar y celebran luego el matrimonio con sus respectivos espíritus.

Ello ha provocado el surgimiento de problemas, porque en algunos momentos históricos había “escasez de novias” emergiendo bandas de criminales, alguna de las cuales se desmanteló en 2007 en la provincia de Sha´anxi, los cuales asesinaban a mujeres jóvenes, para luego vender sus cadáveres a los familiares de los “novios” previamente enterrados y hacer así posible la celebración del “minghun”, en el artículo de Sunday-Times se señaló que la escasez y la ley de la oferta y la demanda hacían que una “novia-cadáver” tuviera más valor económico que una novia de carne y hueso, siendo un mercado emergente. Múltiples preguntas surgen al respecto: ¿Cómo poder estar totalmente seguros del consentimiento del finado? ¿Cabe la fecundación in vitro del finado, sin consentimiento de éste? ¿Pueden personas interesadas o familiares oponerse a este tipo de matrimonio?.

Este tipo de matrimonios póstumos han creado problemas a nivel comunitario, tal es el caso de una ciudadana belga, que en 1968, estaba embarazada de su novio francés y tenían planes para casarse, pero el joven falleció en un accidente de avión ocho días antes de la boda. La ciudadana belga formuló el contrato nupcial ante el Alcalde de Francia quien celebró el matrimonio póstumo que posteriormente fue reconocido como válido por un Tribunal Belga. La joven retornó a Bélgica para hacer valer sus derechos y muy en especial ante la compañía de seguros que tenía que indemnizarla por el fallecimiento de su esposo, el Tribunal de primera instancia de Arlón falló que si bien el matrimonio era válido, no tenía efectos civiles en Bélgica, ni para la mujer ni para el hijo que ya había nacido. El Tribunal sólo reconoció un perjuicio moral valorado en 100.000 francos belgas – 222.000 pesetas – para la madre y 50.000 francos belgas – más de 100.000 pesetas – para el hijo.

Tanto la compañía de seguros como la súbdita belga recurrieron ante el Tribunal de Apelación de Lieja, la compañía solicitada la nulidad del matrimonio y la joven solicitó que se le reconociese en Bélgica el matrimonio con plenitud de derechos. Los Tribunales dieron la razón a la joven madre.

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