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¿Qué puede hacer por ti el coaching terapéutico?

Todo el mundo habla de ser positivo, ver el vaso medio lleno y eso, esta muy bien, pero que muy bien. Solo que hay momentos en la vida, familia, amistades, salud, trabajo, proyectos… en los que parece que ser positivo es misión imposible. Cuando todo va bien es muy fácil ser positivo ¿pero qué pasa cuándo las cosas van mal? ¿Qué ocurre cuándo no ves salida ni soluciones?
En estos momentos no ayuda para nada que te digan “para ellos tampoco fue fácil”, “a ellos también les costo conseguir sus objetivos”, “ellos también tuvieron problemas y se encontraron piedras en el camino, pero ahí están, eso les hizo más fuertes”. “¡Son unos triunfadores! Si ellos, pudieron tú también.”

Hay que ser optimistas y por varias razones; en primer lugar, nuestro foco de atención ilumina cosas que nos hacen sentir bien, esto es muy estimulante, por otro lado la bioquímica del cuerpo se activa dándonos un chute de adrenalina, esto también esta muy bien. Ver las cosas desde un punto de vista positivo nos ayuda a seguir adelante, hacer lo difícil fácil, poder con el gigante, con los molinos de viento, en fin con todo lo que nos echen por delante.
Pero… ¿se puede vivir siempre así? La respuesta es no, estar siempre en un estado (aunque sea el estado positivo), es agotador, todo en la vida es cíclico y no debe asustarnos.
La vida es movimiento, todo se mueve, hasta el átomo más pequeño y ese movimiento hace que unas veces estemos arriba y otras abajo. Cuando estás arriba te sientes eufórico, feliz, invencible y al movimiento siguiente hace que te sientas mal, derrotado y hundido.
Bien, de esto también se puede sacar la parte positiva. En estos casos me gusta utilizar esta metáfora: “Para poder valorar la luz del sol hace falta la noche.” Piénsalo, si siempre brillara el sol y las veinticuatro horas del día fuera de día, ¿haría falta ponerle un nombre? ¿Le daríamos la importancia qué le damos? ¿Podríamos darle el valor que tiene? Seguramente no, ya que si no tenemos con que comparar, si no tenemos el opuesto o complementario, eso definitivamente no existe.
Pues bien, cuando estás en el fondo del pozo, por muy oscuro, húmedo, solitario y espeluznante que te parezca, tienes que tener presente dos cosas; ya más abajo no puedes ir y solo queda la opción de mirar hacia arriba, ver la luz y empezar a subir. Ánimo, ya queda menos. ¿Cómo?
Cambiando el foco de atención, céntrate en otra cosa, busca en tus recuerdos, en tu experiencia, otra situación similar en la que saliste airoso.
Cambia tu posición física, salta, baila, corre, da igual, piensa que todos los estados anímicos tienen memoria y una posición corporal concreta. Sólo hay que cambiarla.
Visualiza que ya lo has logrado, siéntete cómo si ya lo tuvieras.
Lo más importante es recordar que todo es cíclico y que volverás a estar arriba.

Dando un enfoque diferente haces las cosas difíciles más fáciles.