A medio camino de la cima de una de las montañas más emblemáticas de Barcelona, la del Tibidabo, se encuentra El Merbeyé, una coctelería que abrió sus puertas en 1977 y cuya magia aún a día de hoy embruja a todo aquel que sucumbe a su encanto.
Pese a que lleva abierto más de tres décadas, su estilo clásico y parisino,  ha sabido adaptarse muy sutilmente a los cambios de cada época.
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La esencia de su espíritu, fiel e inmutable al paso del tiempo, refleja  las señas de identidad de un estilo propio que marcó un antes y un después dentro de la élite social barcelonesa.
Yendo más allá de lo banal, sedujo a destacadas figuras del ámbito de la cultura, el arte, la música y el cine, convirtiéndose, casi sin querer, en uno de los escenarios más solicitados, recurrentes e ineludibles de la ciudad.
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Bajo un ambiente cálido y acogedor, el misterio lo envuelve todo. Su luz tenue crea una atmósfera mágica y sus luces de neón, a modo de guías, delimitan la frontera entre lo racional y lo prohibido.
Huyendo en todo momento de convencionalismos, este lugar supuso para muchos una válvula de escape donde refugiarse y huir del pesado lastre de la cotidianidad.
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Su carácter plural y abierto lo ha convertido en un espacio polivalente, con encanto, tanto de día como de noche.
Su emplazamiento le otorga una de las vistas panorámicas más privilegiadas y envidiadas del Mediterráneo. Encarado al mar y resguardado por un manto de montaña, el microclima de la zona acompaña a perderse por los jardines de su terraza una soleada mañana de domingo.
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Su vermut es ya todo un clásico que año tras año gana adeptos.
Sin duda alguna, la excusa perfecta para socializar y cultivar viejas y nuevas amistades, que con el paso de los años se bajan del asiento de atrás de nuestro Cadillac, para convertirse en los copilotos de nuestra vida.
Déjate seducir  por la magia del Merbeyé, no te arrepentirás.
Imágenes cortesía de Merbeyé.