En España, fruto de la ficticia bonanza económica anterior a la crisis actual que atraviesa el país, surge una oleada de “inversores” en productos financieros de alto riesgo. Estos inversores desconocían, en su gran mayoría, los productos que contrataban y el gran riesgo que éstos implicaban. Muchos de ellos fueron “asesorados” e incitados por directores de entidades bancarias, quienes vendían a sus clientes estos productos sin poseer conocimientos financieros suficientes para prevenir del riesgo a los compradores.

Así, miles de familias, pequeños inversores e incluso empresas empiezan a adquirir preferentes, deuda subordinada y SWAPS; creyendo que compraban un producto de rentabilidad rápida y posibilidad inmediata de recuperar el capital invertido.

Pero, ¿qué son realmente los SWAPS?  Los swaps son “simplemente” una permuta financiera, en la que una entidad bancaria y su cliente acuerdan  intercambiar cantidades de dinero en diferentes fechas en el futuro. Es decir los swaps intercambian los flujos de caja (cash flow) generados por dos operaciones financieras diferentes.

Los principales cash flow permutados son una divisa por otra, tipos de interés fijo por interés variable y la rentabilidad de acciones por un interés fijo; aunque en España los swaps más comercializados fueron los de tipo de interés.

La gran mayoría de pequeños inversores ni tenían perfil de inversor profesional ni conocían los riesgos que asumían, por ello las entidades bancarias están siendo obligadas a devolver las cantidades invertidas, por incumplimiento del deber de información; así ante la pregunta que se hacen cientos de inversores-consumidores de si es posible recuperar el dinero invertido, la respuesta es sí, si la entidad bancaria no advirtió claramente a su cliente de las posibles  consecuencias económicas desfavorables derivadas de la contratación de SWAPS.

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